sábado, 3 de marzo de 2018

Crecer




Cogió el paquete, lo observó y fantaseó acerca de su contenido. Era una mañana de Reyes en que todos habían ido a la casa de los abuelos como era costumbre. Sus hermanas alegres intentaban abrir su regalo, era enorme y en su envoltura se encontraban los nombres de ambas. Era un regalo para compartir.
Ella seguía pensando en qué contendría el suyo, lo volteó varias veces, lo agitó. Parecía un rodillo. Con el rabillo del ojo, seguía mirando como las niñas rasgaban el papel por el que se vislumbraba un color rojo acharolado y muy brillante.
Miró de nuevo lo que tenía entre las manos ¿Sería un emboque o perinola? Algo hacía que no se decidiera a abrirlo. Las niñas daban palmadas de alegría: "¡La cama para las Nancys!" Rompió el papel de color beige con pequeñas margaritas y cogió el cepillo para el pelo. Miró hacia los lados y escrutó con su mirada a los mayores que las rodeaban. Giró el cepillo hacia todos los lados.
Fue justo en ese momento cuando se dio cuenta de que su visión de sí misma no coincidía con la de los demás. Intentó contener sus lágrimas, pero no pudo. Al fin y al cabo, tan solo era una niña de once años.


sábado, 2 de diciembre de 2017

La camisa negra



 Salía mordisqueando un pitillo con parsimonia, odiaba aquella rutina que lo asfixiaba. El mismo recorrido, los mismos coches, incluso diría que hasta las mismas caras de conductores que giraban en la rotonda donde cada mañana y como si fuera una esfinge, se detenía a mirar el horizonte sacrificado por aquellos contenedores abandonados a su suerte en el muelle cercano.
Había elegido este destino, sabía que era el culpable de su soledad. Le gustaba llegar temprano, él era de tierras frías y le parecía un lujo poder salir a las siete de la mañana de un dos de diciembre en mangas de camisa. Eso sí, de color negro.
Se sentía cómodo con su uniforme y eso que detestaba todo lo que fuera igualatorio y anodino, si se marchó de su pueblo fue porque estaba harto de la tierra llana y sin sorpresas en la que vivía. Castilla es una tierra dura, áspera y austera, y fue por eso  por lo que buscó el mar. Odio esos contenedores, se dijo a sí mismo.
Allí está. Los faros se detuvieron a su lado, de un salto se introdujo en el vehículo y masculló un buenos días desabrido. Recibió con el mismo entusiasmo un saludo.
Las luces amarillentas desfilaron una una, iluminándole de vez en cuando la cara y dando a sus canas un aspecto desaliñado. En su recorrido observó la plantación de plátanos y papayas que le ofrecía la primera satisfacción visual. Fue por cosas como estas por las que había elegido este lugar.
El coche aparcó donde siempre, justo al lado de una pared color salmón. La edificación aunque imite la arquitectura local, siempre le había parecido fea. De todos modos era un privilegiado. Había podido poner "tierra de por medio" y con eso le bastaba.
Puso su bolso en el armarito, se atusó el pelo que mojó ligeramente. Se observó en el espejo, colocó el cuello de la camisa en el lugar correcto, comprobó que la tarjeta indicativa de su nombre no tapaba el anagrama de su uniforme: "Paradores Nacionales". Esbozó una sonrisa fingida y se dirigió a la recepción. Todo estaba listo para una nueva función.




viernes, 17 de noviembre de 2017

Lúnulas



 Observo como las manos se mueven semejando hacer malabares y se muestran ágiles, veloces. Dan la sensación de hacerse cada vez más largas. Me parecen que forman parte de un ballet, pero de un ballet contemporáneo, que giran y basculan meciéndose entre sonidos metálicos e incluso eléctricos. Las manos forman parte de un todo, diría que se ajustan a la personalidad del individuo, de su dueño o dueña.
Últimamente admiro la variedad de dedos, largos o cortos, delgados o rechonchos. Pero los que realmente me fascinan son los portadores de lúnulas perfectamente definidas como nacimientos de astros.
Aún recuerdo cuando después de más de treinta años sin ver a mi maestra de octavo, esta cogió mis manos y las examinó minuciosamente. Después de unos breves segundos, me miró y dijo: "Tus manos siguen siendo las mismas". Hasta entonces, jamás me había detenido en ellas y fue cuando por primera vez me di cuenta de que carecían de esas medias lunas que asoman en la mayoría de los dedos y me sentí huérfana de magia.

Desde entonces sigo mirando las manos que danzan a mi alrededor y compruebo como aunque se disfracen de rosa palo o de Mondrian su belleza sigue estando en el interior.

sábado, 4 de noviembre de 2017

De la criptomnesia y otros




 La lágrima cae, poco a poco. Se desliza sobre la mejilla siguiendo una curvatura tenue que traza el pómulo ancho y marcado. Todo ha cambiado, todo ha sido destruido. Medita. La mirada es profundamente triste. Sin embargo, la lágrima se acomoda en mi filtrum. Este la acuna, la mece, la acoge, pero ella resbala. Se acuesta en el acerico de mis labios ¡Cuántos alfileres clavados antaño...! Si los labios se despegaran, se rasgarían manchados. Jugaron a ser agrafes abandonados a su suerte, roídos y acabados.
Hoy, a pesar de todo, el sol ha salido de nuevo como cualquier noviembre húmedo y tranquilo. Me reflejo en el cristal como una sombra opaca, con un dedo dibujo un ampersand juguetón y aristocrático ¿Reminiscencias tal vez de las Brontë o la Austen? Siempre soñé con ser una heroína decimonónica, lánguida y olvidada. Pero no dejé de reivindicar el ápice nacional, la virgulilla que como un cararacolillo en la frente no me permite alejarme de mi realidad.
Afuera, el cacareo y el canto del gallo me devuelven a la tierra polvorienta que nada tienen que ver con las verdes campiñas de la dulce Irlanda. Hoy comeremos sopa de carúnculas, aquella que tan malos presagios trajo a aquel pueblo caribeño y lejano donde la crónica anunció la muerte de la víctima de un pueblo cobarde. Siempre siento náuseas cuando las hiervo, porque me traen olor a un poder podrido y tirano. Cuando mis crenchas mojadas empiezan a gotear, me indican que está en su punto el maldito brebaje y me siento una bruja malvada.
Lo sé, hoy la criptomnesia está haciendo de las suyas y el teclado parece moverse solo. 

sábado, 23 de septiembre de 2017

Ya no tengo ventana



Ni ideas, ni palabras que las enmarquen.
Los sueños se desvanecen...
Igual que las nubes
se perdieron en el horizonte.
Ya no existe el otoño
ni su melancolía,
y ni siquiera el cristal se humedece.
Ya no tengo ventana
que se empañe cuando me acerque.
Ni una solitaria gota

que resbale lentamente...

jueves, 11 de mayo de 2017

¿Y si me visto de dura piedra?




Me envuelvo en un manto de frialdad
y por las rendijas
se me escapa la incandescencia.
La lava se solidifica,
eso dicen las mentes que piensan.
La lluvia cae sobre el alma pétrea
y deja su huella poco a poco,
mansamente.
Y se desgrana en arena,
uno a uno

y desaparece.

sábado, 6 de mayo de 2017

Letras con la u olvidada.






Y si te cuento que en las letras todo está encerrado
¿Acaso no hay en ellas mensajes encriptados?
La a es abierta, espontánea, extrovertida y habladora.
La es es traviesa, locuaz y pizpireta.
La o es bonita, redondita y timidita.
La i es puntillosa, impulsiva y caprichosa.
La u es oscura, susurrante y a veces espantosa.
Con ellas hacemos muecas al sol,
cuando abrimos y cerramos la boca.
A través de ellas se nos escapan las ideas,
los amores y las penas.

martes, 11 de abril de 2017

Dependencia



Aquella mañana se había levantado con la sensación de no saber muy bien qué hacer. La noche había sido intranquila, había dado muchas vueltas en la cama pensando e imaginando una y otra vez la situación a la que tenía que enfrentarse. Nunca había sido una persona de decisiones rápidas y esta le molestaba infinitamente. Una y otra vez se imaginaba a sí misma articulando las palabras e incluso ensayando los gestos. ¿Por qué sería tan cobarde?
Cuando atravesó la puerta vio la melena rubia que destacaba delante de la pantalla, esta se movía sobre los hombros con decisión. Sus movimientos eran firmes y hasta diría que obedecían a un sofisticado y perfecto mecanismo. Esta visión ya por sí sola la amedrentaba y la hacía sentirse pequeñísima e insignificante. Pensó varias veces en tocar aquel hombro, pero algo contraía sus músculos y le impedía mandar la señal al cerebro que impulsaba los movimientos de su mano. Giró sobre sí misma y volvió la espalda a la causante de su insomnio.
Sin embargo y muy a su pesar, el sonido de sus pisadas había sido detectado. La melena, dejó de serlo para convertirse en mirada irónica- ¡Ah! ¿Estás ahí? Precisamente quería comentarte algo, es una idea que he tenido y que considero interesante.- En ese momento, ya no pudo retroceder y escuchó con atención todas las explicaciones acerca de la feliz ocurrencia. Recordó como había estado ensayando mentalmente cada una de las palabras que iba a decir y como zanjaría el asunto de una maldita vez. A pesar de que la voz continuaba dando un sinfín de explicaciones detalladas, ella no quería escucharlas y seguía con sus pensamientos...-Y eso es todo, ¿no te parece genial?- Sí, era estupendo, solo que ella no había escuchado nada de lo que decía.
Volvía a tener esa extraña sensación difícil de explicar. Detrás de aquellos ojos había una oscuridad profunda. Se sentía estudiada y hasta analizada. No quería vivir de nuevo esa situación que la hacía sentirse tan incómoda- Vale, perfecto. Estoy totalmente de acuerdo contigo ¿Cuándo tengo que empezar?- De nuevo había vuelto a ceder.
Desde hacía cinco años miraba a la cámara detrás de la que aquella mujer le indicaba qué lencería ponerse y cuál sería su papel ese día.

jueves, 9 de marzo de 2017

Sequía




Y si contara tus pasos desenvueltos en cascada.
Y si también contara una a una tus pestañas
¿Acaso me ahogaría en la hazaña?

Voy buscando sintiéndome zahorí
por un día

en tu cama.

martes, 24 de enero de 2017

Letras




Y si te cuento que en las letras todo está encerrado
¿Acaso no hay en ellas mensajes encriptados?
La a es abierta, espontánea, extrovertida y habladora.
La e es traviesa, locuaz y pizpireta.
La o es bonita, rendodita y timidita.
La i es puntillosa, impulsiva y caprichosa.
Con ellas hacemos muecas al sol,
cuando abrimos y cerramos la boca.
A través de ellas se nos escapan las ideas,
los amores y las penas.

lunes, 28 de noviembre de 2016

El escondite




   Al oscurecer solemos jugar al escondite mientras preparo la mesa para la cena. En ese ir y venir de la cocina al comedor, ella busca un escondrijo y espera silenciosa el momento en el que ritualmente la llamo:

-¿Dónde estás?

  Muchas veces me mira desde detrás del sillón de la sala y se acurruca cuando me ve pasar con un par de pichones para hacer un caldo. Le estremece ver los párpados cerrados y los cuellos colgando. Se tapa los ojos y corre escaleras abajo, salta los escalones de dos en dos hasta llegar al final.

   La noche hace que el olor a vainilla de las orquídeas del patio sea más penetrante. Sobre el tendido descansa el balde de latón aboyado y desvencijado, una soga deshilachada por el paso del tiempo está atada al asa. Cercano a este, el aljibe con tablones de madera llenos de líquenes y musgos que crujen bajo los pies pequeños. Ella se acerca al brocal, levanta la tapa y se asoma. El fondo es oscuro pero el agua está cerca.

-Luna, lunera, cascabelera
debajo de la cama tienes la cena…-susurra.

Intenta atrapar el círculo pero no lo alcanza. Y la luna le guiña un ojo desde el fondo.






jueves, 27 de octubre de 2016

Mi corazón se ha vuelto pesado...



Mi corazón se ha vuelto pesado.
Y la oscuridad me envuelve
una
y otra vez.
Veo una rendija luminosa.
Me aferro a ella
y la agarro,
la araño
y la estrujo.
Me niego,
y reniego
de mí misma.
Me declaro atea,
de todo
y de todos.



viernes, 26 de agosto de 2016

Sur-realismo



En las playas doradas del sur siempre se pone el sol despacio. Languidece negándose a abandonarlas ¿Será acaso que esas tierras añaden parsimonia a todos los que las habitan? Las olas suelen llegar mansas a la arena que se deja mojar con pereza.
Las huellas de unos pies diminutos aparecen justo en esa orilla. Si las seguimos vemos que continúan hasta los palmerales que la delimitan. Allí se pierden en la maleza...
Cuando paseo por estos lugares siempre lo hago mirando al suelo, involuntariamente alineo mis pies y al mismo tiempo observo toda suerte de agujeros, restos de conchas y algas. En ocasiones, descubro pisadas de aves marinas que se me antojan flechas que me indican qué camino seguir.

Hoy he visto de nuevo esas formas diminutas sobre la arena y he descubierto mensajes crípticos en ellas. Me invade el misterio del sur y me dejo llevar por él. Me adentro por el sendero oscuro del bosque de bambú en busca del frescor. Los rayos del sol se proyectan a través de las ramas de manera fantasmagórica, el aire espeso y caliente me aplasta. Siento el sudor en mi frente que resbala mojándome las patillas, pronto comenzará el dolor de cabeza. Lucho contra él y con esfuerzo intento desentrañar los secretos que hay en esos granos de arena...

viernes, 6 de mayo de 2016

Cuando llega el buen tiempo...



Cuando llega buen tiempo me transporto al pasado más lejano, escudriño en las profundidades de la memoria y esta siempre reaparece con los calores del verano, el sol tórrido y la sombra rojiza de las piedras sobre el camino. La luz lo inunda todo, me encandila y hasta me ciega. Al mismo tiempo, vislumbro el oasis de frescura de las helechas de medio metro y el canturreo del agua por las atarjeas que llegan rápidas hasta la tanqueta rebosante de musgo. Veo mis pies pequeños que juegan a sentir el frío helado, chapoteo frenéticamente hasta sentir mi ropa mojada. De manera furtiva, me pongo en pie y me tambaleo retadora al empuje del agua. Ganada la batalla, el recuerdo pasa ahora de un salto, como si de una toma cinematográfica se tratara, a otra imagen y descubro el colorido de la enredadera profusa de flores anaranjadas que se mezclan con las parchitas.
Las dalias se desmelenan decaídas sobre las viejas sogas del columpio, me subo y me impulso, con los pies muy juntos, los pongo rígidos y los extiendo. Con la punta de estos toco el azul del mar en el horizonte. Recuerdo seguir los caminos de las corrientes que me transportaban a mundos lejanos y fantásticos, lugares donde se podía seguir la espuma de los delfines que pasaban muy cerquita de la costa y donde alguna sirena llamada Lorelei embrujaba a los marinos descuidados.
Cuento las papayas perfectas y redonditas. Están muy altas y no llego a ellas. Me llega el olor a guayaba y canela que se cuece en la cocina a través de la ventana semioculta por la persiana de madera. Sigo descalza y correteo por el tendido fresco de cemento mientras alineo las semillas de las santateresitas dándoles formas caprichosas que me inspiran mundos fantásticos, caminos a lugares mágicos como en el cuento de Oz.

Sí, cuando llega el buen tiempo recupero el paraíso perdido de la niñez...

sábado, 9 de abril de 2016

"Sin rumbo"




Rosa de los vientos,
mientras te deshojas
pierdes el rumbo,
el norte y la idea.
Caos de rombos desiguales
me atrapas,

me encierras.

sábado, 2 de abril de 2016

Diario de un Asperger II



En el Día del Autismo.



A veces, cuando estoy relajado y es el tiempo del descanso, me gusta tararear canciones. Primero pienso en la número 15, sí esa que justo repite la misma nota cada 20 segundos. Esa es mi favorita. Me gusta sobre todo porque dice "Yeahh" y el ritmo se mete en mi cerebro en el momento ideal. Luego, paso rápidamente a la 36. Imagino la sucesión de acordes y me siento feliz ¿Feliz o alegre? ¿O será satisfecho? ¿Acaso es tranquilo? Siempre me hago un lío... Mi madre me dice que mire las caras, que observe detenidamente cómo abren la boca cuando pasa algo bueno. En ocasiones, es solo un poco y en otras, se ven todos los dientes. Eso significa estar feliz del todo y abrirla solo un poco, satisfecho o contento.

Tengo mucha suerte. No entiendo a la gente que dice que eso de hacer amigos es difícil. Siempre que me subo al tranvía me encuentro con personas agradables y yo les sonrío porque sé que la próxima vez que los encuentre ya serán mis amigos. Al principio, estaba preocupado con esto de irme a estudiar a la universidad. Pero no por las clases porque soy muy buen estudiante, sino por el colegio mayor ¿Qué horario sería el de las comidas? ¿El desayuno sería a las 7 y 23? Siempre lo hago a esa hora porque he calculado que tengo 38 minutos para llegar a las clases con tiempo.


No ha habido problema. El horario siempre se cumple a la perfección. Ahora cuando llego al aula, puedo sentarme en mi sitio en la primera fila y ya todos me conocen. Cuando hay mucho silencio en las clases y mi compañera de la fila tres estornuda, el estómago me hace cosquillas que me llegan hasta el cuello. No sé muy bien por qué, pero cuando oigo ese "Achissssss" tan agudo no puedo dejar de reír. Entonces me acuerdo de mi madre y ya no sé qué pensar...¿Estoy feliz, contento o satisfecho?

miércoles, 9 de marzo de 2016

Diario de un Asperger



 Aquella mañana había llegado a mi objetivo, estaba a punto de logar mi sueño. Me levanté a la misma hora como era habitual en mí. Siempre me ha puesto muy nervioso cambiar mis rutinas. Coloqué la taza a la misma distancia de la cucharilla, exactamente cuatro centímetros. El cuchillo con el filo hacía esta y la servilleta de papel sirviendo cuidadosamente de lecho de ambos cubiertos. Mi madre había salido hacía rato a su trabajo.

El autobús solía detenerse en la parada quince minutos después de que cerrara la puerta de mi casa y de que mi hermano caminara a grandes zancadas, diez metros delante de mí. Nunca me esperaba para ir a su lado y apenas nos dirigíamos la palabra durante el trayecto. Yo lo prefería así, pues debía de concentrarme en refrescar mentalmente todo lo que había estudiado durante los días anteriores. Estaba exultante a pesar de todo. Al contrario que mis compañeros que se mordían las uñas y presentaban rostros de preocupación, yo era feliz y estaba deseoso de enfrentarme al temido examen que suponía el pasaporte a la universidad.

Llegué al lugar de la prueba, oí mi nombre y subí las escaleras con decisión. Miré al examinador directamente a los ojos tratando de averiguar qué pensaría de mí y de mi sonrisa. Mis miembros se pusieron rígidos, casi con la intención de un saludo miliar. Apenas levantó los ojos de la lista que mantenía en sus manos y me indicó con un ligero movimiento de cabeza la dirección que debía tomar. Entré en el aula y me senté. Había llegado la hora. Leí con avidez las preguntas y comencé a escribir. Lo hacía mecánicamente, casi sin pensar. El tiempo pasó deprisa y a mi lado alguien me instaba a entregar mis folios. Levanté la cabeza y de nuevo, sonreí. Estaba solo, todos habían acabado antes que yo. Pregunté acerca de los resultados y me pidieron paciencia.

Al cabo de un par de semanas, encendí el ordenador con el ánimo de comprobar los resultados, no entendía por qué durante ese tiempo en los “chats” que compartía con mis amigos no se hablaba de otra cosa que no fuera notas de corte, nervios,...¿Por qué tanto desasosiego? ¿No habían estudiado? Tecleé mi contraseña y allí estaba: Apto. Me levanté y fui derecho a la cocina donde mi madre preparaba la comida. Pensé en la cara que tenía que poner en esas circunstancias, intenté recordar qué gesto sería el adecuado en esta situación. ¿Euforia, alegría, entusiasmo? Me decidí por la de euforia. Sí, esa era.
No hizo falta nada más.



miércoles, 3 de febrero de 2016

“Exilio”



Pulsando el Barroco que es palpar, tocar un instrumento que es también el latir.

Soy un exiliado, sí lo soy.
Atrás quedó el trivio.
Odio la alegría que ya no siento.
Algunos murieron 
y otros se marcharon por rumbos distintos.
Sí, soy un exiliado.
Me fui a otros mundos,
a aquellos que comprendo.
Dejé por el camino esfuerzos,
sentidos y sentimientos.
Lo hago sin remordimientos ni lamentos.
Sí, soy un exiliado
y en mi exilio
me siento de Ilión,

jamelgo.

sábado, 16 de enero de 2016

"Declive"



 Cuando se miró en el espejo lo comprendió ¿Por qué últimamente se sentía invisible? Llevaba tiempo temiendo hacerse esa pregunta, aunque hacía bastante que la idea le rondaba por la cabeza. Cuando se hizo ese planteamiento había decidido hacer “voto de silencio”, quería comprobar si eran imaginaciones suyas o es que ya su opinión no le importaba a nadie. Llegaba silenciosamente y lo hacía más temprano que de costumbre, pero nadie parecía notarlo. Hacía un comentario banal sobre el tiempo y todos lo miraban sonrientes y complacientes, pero eso era todo.
Llegó incluso a pensar que aquél ya no era su mundo y que quizás las reglas del juego habían cambiado y que alguien había olvidado comunicárselo. Sí, seguro que era eso. Sin embargo aquella mañana cuando miró la cara que lo observaba, notó en qué habían cambiado las cosas. Los ojos que le miraban habían perdido su brillo y estaban ojerosos, además unas incipientes “patas de gallo” los rodeaban. En la cabeza, el pelo había empezado a escasear y se había vuelto gris. Le había costado tanto llegar hasta aquí que no lograba comprender qué parte del plan había fallado. Tantos años de esfuerzo para al final convertirse en un elemento más del mobiliario.
Recordó aquellos años en los que miraba con condescendencia a sus mayores, aquellos de los que respetuosamente escuchaba sus vivencias y reflexiones.
Se enteraba de todos los cambios unos días después de suceder estos y la cuestión le hacía sentirse solo y lo que es peor, prescindible. Siguió rasurando su cara de manera mecánica, estiraba la piel y ya ni siquiera percibía su imagen en el espejo. La vista y el pensamiento seguían perdidos en oscuras conspiraciones. Terminó, cogió su chaqueta y salió a la calle.

Enero no refrescaba su cara, hasta el calendario le había dado la espalda ¿Qué demonios estaba sucediendo? El sonido del “reguetón” le golpeó. Un coche arrancó aceleradamente después de un brusco frenazo y un muchacho de gorra ladeada le espetó: “¡Abuelo, hay que mirar al cruzar!”.  

domingo, 8 de noviembre de 2015

"La piedra"




Miro a la piedra,
directa,
a los ojos,
¿cuánto hace que estás ahí?
Le doy un puntapié,
la aparto.
Prosigo y me vuelvo,
me mira y la entiendo.

Eres dura, lo sé.