jueves, 11 de mayo de 2017

¿Y si me visto de dura piedra?




Me envuelvo en un manto de frialdad
y por las rendijas
se me escapa la incandescencia.
La lava se solidifica,
eso dicen las mentes que piensan.
La lluvia cae sobre el alma pétrea
y deja su huella poco a poco,
mansamente.
Y se desgrana en arena,
uno a uno

y desaparece.

sábado, 6 de mayo de 2017

Letras con la u olvidada.






Y si te cuento que en las letras todo está encerrado
¿Acaso no hay en ellas mensajes encriptados?
La a es abierta, espontánea, extrovertida y habladora.
La es es traviesa, locuaz y pizpireta.
La o es bonita, redondita y timidita.
La i es puntillosa, impulsiva y caprichosa.
La u es oscura, susurrante y a veces espantosa.
Con ellas hacemos muecas al sol,
cuando abrimos y cerramos la boca.
A través de ellas se nos escapan las ideas,
los amores y las penas.

martes, 11 de abril de 2017

Dependencia



Aquella mañana se había levantado con la sensación de no saber muy bien qué hacer. La noche había sido intranquila, había dado muchas vueltas en la cama pensando e imaginando una y otra vez la situación a la que tenía que enfrentarse. Nunca había sido una persona de decisiones rápidas y esta le molestaba infinitamente. Una y otra vez se imaginaba a sí misma articulando las palabras e incluso ensayando los gestos. ¿Por qué sería tan cobarde?
Cuando atravesó la puerta vio la melena rubia que destacaba delante de la pantalla, esta se movía sobre los hombros con decisión. Sus movimientos eran firmes y hasta diría que obedecían a un sofisticado y perfecto mecanismo. Esta visión ya por sí sola la amedrentaba y la hacía sentirse pequeñísima e insignificante. Pensó varias veces en tocar aquel hombro, pero algo contraía sus músculos y le impedía mandar la señal al cerebro que impulsaba los movimientos de su mano. Giró sobre sí misma y volvió la espalda a la causante de su insomnio.
Sin embargo y muy a su pesar, el sonido de sus pisadas había sido detectado. La melena, dejó de serlo para convertirse en mirada irónica- ¡Ah! ¿Estás ahí? Precisamente quería comentarte algo, es una idea que he tenido y que considero interesante.- En ese momento, ya no pudo retroceder y escuchó con atención todas las explicaciones acerca de la feliz ocurrencia. Recordó como había estado ensayando mentalmente cada una de las palabras que iba a decir y como zanjaría el asunto de una maldita vez. A pesar de que la voz continuaba dando un sinfín de explicaciones detalladas, ella no quería escucharlas y seguía con sus pensamientos...-Y eso es todo, ¿no te parece genial?- Sí, era estupendo, solo que ella no había escuchado nada de lo que decía.
Volvía a tener esa extraña sensación difícil de explicar. Detrás de aquellos ojos había una oscuridad profunda. Se sentía estudiada y hasta analizada. No quería vivir de nuevo esa situación que la hacía sentirse tan incómoda- Vale, perfecto. Estoy totalmente de acuerdo contigo ¿Cuándo tengo que empezar?- De nuevo había vuelto a ceder.
Desde hacía cinco años miraba a la cámara detrás de la que aquella mujer le indicaba qué lencería ponerse y cuál sería su papel ese día.

jueves, 9 de marzo de 2017

Sequía




Y si contara tus pasos desenvueltos en cascada.
Y si también contara una a una tus pestañas
¿Acaso me ahogaría en la hazaña?

Voy buscando sintiéndome zahorí
por un día

en tu cama.

martes, 24 de enero de 2017

Letras




Y si te cuento que en las letras todo está encerrado
¿Acaso no hay en ellas mensajes encriptados?
La a es abierta, espontánea, extrovertida y habladora.
La e es traviesa, locuaz y pizpireta.
La o es bonita, rendodita y timidita.
La i es puntillosa, impulsiva y caprichosa.
Con ellas hacemos muecas al sol,
cuando abrimos y cerramos la boca.
A través de ellas se nos escapan las ideas,
los amores y las penas.

lunes, 28 de noviembre de 2016

El escondite




   Al oscurecer solemos jugar al escondite mientras preparo la mesa para la cena. En ese ir y venir de la cocina al comedor, ella busca un escondrijo y espera silenciosa el momento en el que ritualmente la llamo:

-¿Dónde estás?

  Muchas veces me mira desde detrás del sillón de la sala y se acurruca cuando me ve pasar con un par de pichones para hacer un caldo. Le estremece ver los párpados cerrados y los cuellos colgando. Se tapa los ojos y corre escaleras abajo, salta los escalones de dos en dos hasta llegar al final.

   La noche hace que el olor a vainilla de las orquídeas del patio sea más penetrante. Sobre el tendido descansa el balde de latón aboyado y desvencijado, una soga deshilachada por el paso del tiempo está atada al asa. Cercano a este, el aljibe con tablones de madera llenos de líquenes y musgos que crujen bajo los pies pequeños. Ella se acerca al brocal, levanta la tapa y se asoma. El fondo es oscuro pero el agua está cerca.

-Luna, lunera, cascabelera
debajo de la cama tienes la cena…-susurra.

Intenta atrapar el círculo pero no lo alcanza. Y la luna le guiña un ojo desde el fondo.






jueves, 27 de octubre de 2016

Mi corazón se ha vuelto pesado...



Mi corazón se ha vuelto pesado.
Y la oscuridad me envuelve
una
y otra vez.
Veo una rendija luminosa.
Me aferro a ella
y la agarro,
la araño
y la estrujo.
Me niego,
y reniego
de mí misma.
Me declaro atea,
de todo
y de todos.



viernes, 26 de agosto de 2016

Sur-realismo



En las playas doradas del sur siempre se pone el sol despacio. Languidece negándose a abandonarlas ¿Será acaso que esas tierras añaden parsimonia a todos los que las habitan? Las olas suelen llegar mansas a la arena que se deja mojar con pereza.
Las huellas de unos pies diminutos aparecen justo en esa orilla. Si las seguimos vemos que continúan hasta los palmerales que la delimitan. Allí se pierden en la maleza...
Cuando paseo por estos lugares siempre lo hago mirando al suelo, involuntariamente alineo mis pies y al mismo tiempo observo toda suerte de agujeros, restos de conchas y algas. En ocasiones, descubro pisadas de aves marinas que se me antojan flechas que me indican qué camino seguir.

Hoy he visto de nuevo esas formas diminutas sobre la arena y he descubierto mensajes crípticos en ellas. Me invade el misterio del sur y me dejo llevar por él. Me adentro por el sendero oscuro del bosque de bambú en busca del frescor. Los rayos del sol se proyectan a través de las ramas de manera fantasmagórica, el aire espeso y caliente me aplasta. Siento el sudor en mi frente que resbala mojándome las patillas, pronto comenzará el dolor de cabeza. Lucho contra él y con esfuerzo intento desentrañar los secretos que hay en esos granos de arena...

viernes, 6 de mayo de 2016

Cuando llega el buen tiempo...



Cuando llega buen tiempo me transporto al pasado más lejano, escudriño en las profundidades de la memoria y esta siempre reaparece con los calores del verano, el sol tórrido y la sombra rojiza de las piedras sobre el camino. La luz lo inunda todo, me encandila y hasta me ciega. Al mismo tiempo, vislumbro el oasis de frescura de las helechas de medio metro y el canturreo del agua por las atarjeas que llegan rápidas hasta la tanqueta rebosante de musgo. Veo mis pies pequeños que juegan a sentir el frío helado, chapoteo frenéticamente hasta sentir mi ropa mojada. De manera furtiva, me pongo en pie y me tambaleo retadora al empuje del agua. Ganada la batalla, el recuerdo pasa ahora de un salto, como si de una toma cinematográfica se tratara, a otra imagen y descubro el colorido de la enredadera profusa de flores anaranjadas que se mezclan con las parchitas.
Las dalias se desmelenan decaídas sobre las viejas sogas del columpio, me subo y me impulso, con los pies muy juntos, los pongo rígidos y los extiendo. Con la punta de estos toco el azul del mar en el horizonte. Recuerdo seguir los caminos de las corrientes que me transportaban a mundos lejanos y fantásticos, lugares donde se podía seguir la espuma de los delfines que pasaban muy cerquita de la costa y donde alguna sirena llamada Lorelei embrujaba a los marinos descuidados.
Cuento las papayas perfectas y redonditas. Están muy altas y no llego a ellas. Me llega el olor a guayaba y canela que se cuece en la cocina a través de la ventana semioculta por la persiana de madera. Sigo descalza y correteo por el tendido fresco de cemento mientras alineo las semillas de las santateresitas dándoles formas caprichosas que me inspiran mundos fantásticos, caminos a lugares mágicos como en el cuento de Oz.

Sí, cuando llega el buen tiempo recupero el paraíso perdido de la niñez...

sábado, 9 de abril de 2016

"Sin rumbo"




Rosa de los vientos,
mientras te deshojas
pierdes el rumbo,
el norte y la idea.
Caos de rombos desiguales
me atrapas,

me encierras.

sábado, 2 de abril de 2016

Diario de un Asperger II



En el Día del Autismo.



A veces, cuando estoy relajado y es el tiempo del descanso, me gusta tararear canciones. Primero pienso en la número 15, sí esa que justo repite la misma nota cada 20 segundos. Esa es mi favorita. Me gusta sobre todo porque dice "Yeahh" y el ritmo se mete en mi cerebro en el momento ideal. Luego, paso rápidamente a la 36. Imagino la sucesión de acordes y me siento feliz ¿Feliz o alegre? ¿O será satisfecho? ¿Acaso es tranquilo? Siempre me hago un lío... Mi madre me dice que mire las caras, que observe detenidamente cómo abren la boca cuando pasa algo bueno. En ocasiones, es solo un poco y en otras, se ven todos los dientes. Eso significa estar feliz del todo y abrirla solo un poco, satisfecho o contento.

Tengo mucha suerte. No entiendo a la gente que dice que eso de hacer amigos es difícil. Siempre que me subo al tranvía me encuentro con personas agradables y yo les sonrío porque sé que la próxima vez que los encuentre ya serán mis amigos. Al principio, estaba preocupado con esto de irme a estudiar a la universidad. Pero no por las clases porque soy muy buen estudiante, sino por el colegio mayor ¿Qué horario sería el de las comidas? ¿El desayuno sería a las 7 y 23? Siempre lo hago a esa hora porque he calculado que tengo 38 minutos para llegar a las clases con tiempo.


No ha habido problema. El horario siempre se cumple a la perfección. Ahora cuando llego al aula, puedo sentarme en mi sitio en la primera fila y ya todos me conocen. Cuando hay mucho silencio en las clases y mi compañera de la fila tres estornuda, el estómago me hace cosquillas que me llegan hasta el cuello. No sé muy bien por qué, pero cuando oigo ese "Achissssss" tan agudo no puedo dejar de reír. Entonces me acuerdo de mi madre y ya no sé qué pensar...¿Estoy feliz, contento o satisfecho?

miércoles, 9 de marzo de 2016

Diario de un Asperger



 Aquella mañana había llegado a mi objetivo, estaba a punto de logar mi sueño. Me levanté a la misma hora como era habitual en mí. Siempre me ha puesto muy nervioso cambiar mis rutinas. Coloqué la taza a la misma distancia de la cucharilla, exactamente cuatro centímetros. El cuchillo con el filo hacía esta y la servilleta de papel sirviendo cuidadosamente de lecho de ambos cubiertos. Mi madre había salido hacía rato a su trabajo.

El autobús solía detenerse en la parada quince minutos después de que cerrara la puerta de mi casa y de que mi hermano caminara a grandes zancadas, diez metros delante de mí. Nunca me esperaba para ir a su lado y apenas nos dirigíamos la palabra durante el trayecto. Yo lo prefería así, pues debía de concentrarme en refrescar mentalmente todo lo que había estudiado durante los días anteriores. Estaba exultante a pesar de todo. Al contrario que mis compañeros que se mordían las uñas y presentaban rostros de preocupación, yo era feliz y estaba deseoso de enfrentarme al temido examen que suponía el pasaporte a la universidad.

Llegué al lugar de la prueba, oí mi nombre y subí las escaleras con decisión. Miré al examinador directamente a los ojos tratando de averiguar qué pensaría de mí y de mi sonrisa. Mis miembros se pusieron rígidos, casi con la intención de un saludo miliar. Apenas levantó los ojos de la lista que mantenía en sus manos y me indicó con un ligero movimiento de cabeza la dirección que debía tomar. Entré en el aula y me senté. Había llegado la hora. Leí con avidez las preguntas y comencé a escribir. Lo hacía mecánicamente, casi sin pensar. El tiempo pasó deprisa y a mi lado alguien me instaba a entregar mis folios. Levanté la cabeza y de nuevo, sonreí. Estaba solo, todos habían acabado antes que yo. Pregunté acerca de los resultados y me pidieron paciencia.

Al cabo de un par de semanas, encendí el ordenador con el ánimo de comprobar los resultados, no entendía por qué durante ese tiempo en los “chats” que compartía con mis amigos no se hablaba de otra cosa que no fuera notas de corte, nervios,...¿Por qué tanto desasosiego? ¿No habían estudiado? Tecleé mi contraseña y allí estaba: Apto. Me levanté y fui derecho a la cocina donde mi madre preparaba la comida. Pensé en la cara que tenía que poner en esas circunstancias, intenté recordar qué gesto sería el adecuado en esta situación. ¿Euforia, alegría, entusiasmo? Me decidí por la de euforia. Sí, esa era.
No hizo falta nada más.



miércoles, 3 de febrero de 2016

“Exilio”



Pulsando el Barroco que es palpar, tocar un instrumento que es también el latir.

Soy un exiliado, sí lo soy.
Atrás quedó el trivio.
Odio la alegría que ya no siento.
Algunos murieron 
y otros se marcharon por rumbos distintos.
Sí, soy un exiliado.
Me fui a otros mundos,
a aquellos que comprendo.
Dejé por el camino esfuerzos,
sentidos y sentimientos.
Lo hago sin remordimientos ni lamentos.
Sí, soy un exiliado
y en mi exilio
me siento de Ilión,

jamelgo.

sábado, 16 de enero de 2016

"Declive"



 Cuando se miró en el espejo lo comprendió ¿Por qué últimamente se sentía invisible? Llevaba tiempo temiendo hacerse esa pregunta, aunque hacía bastante que la idea le rondaba por la cabeza. Cuando se hizo ese planteamiento había decidido hacer “voto de silencio”, quería comprobar si eran imaginaciones suyas o es que ya su opinión no le importaba a nadie. Llegaba silenciosamente y lo hacía más temprano que de costumbre, pero nadie parecía notarlo. Hacía un comentario banal sobre el tiempo y todos lo miraban sonrientes y complacientes, pero eso era todo.
Llegó incluso a pensar que aquél ya no era su mundo y que quizás las reglas del juego habían cambiado y que alguien había olvidado comunicárselo. Sí, seguro que era eso. Sin embargo aquella mañana cuando miró la cara que lo observaba, notó en qué habían cambiado las cosas. Los ojos que le miraban habían perdido su brillo y estaban ojerosos, además unas incipientes “patas de gallo” los rodeaban. En la cabeza, el pelo había empezado a escasear y se había vuelto gris. Le había costado tanto llegar hasta aquí que no lograba comprender qué parte del plan había fallado. Tantos años de esfuerzo para al final convertirse en un elemento más del mobiliario.
Recordó aquellos años en los que miraba con condescendencia a sus mayores, aquellos de los que respetuosamente escuchaba sus vivencias y reflexiones.
Se enteraba de todos los cambios unos días después de suceder estos y la cuestión le hacía sentirse solo y lo que es peor, prescindible. Siguió rasurando su cara de manera mecánica, estiraba la piel y ya ni siquiera percibía su imagen en el espejo. La vista y el pensamiento seguían perdidos en oscuras conspiraciones. Terminó, cogió su chaqueta y salió a la calle.

Enero no refrescaba su cara, hasta el calendario le había dado la espalda ¿Qué demonios estaba sucediendo? El sonido del “reguetón” le golpeó. Un coche arrancó aceleradamente después de un brusco frenazo y un muchacho de gorra ladeada le espetó: “¡Abuelo, hay que mirar al cruzar!”.  

domingo, 8 de noviembre de 2015

"La piedra"




Miro a la piedra,
directa,
a los ojos,
¿cuánto hace que estás ahí?
Le doy un puntapié,
la aparto.
Prosigo y me vuelvo,
me mira y la entiendo.

Eres dura, lo sé.

viernes, 2 de octubre de 2015

Parábola de una taxonomía extinta



En el bosque se mueve toda clase de insectos, desde los más laboriosos, leáse las abejas obreras, hasta aquellos que disfrutan de la "dolce vita". Si el observador se detiene verá como no es "oro todo lo que reluce". En ocasiones, el naturalista se sorprende ante sus propios descubrimientos que hacen que todo lo aprendido en sus largas tardes de invierno deje de serle útil. Cuando llega la primavera y se desplaza hacia el campo, todas sus teorías se vienen abajo.
La abeja obrera se desplaza de manera frenética alrededor del panal, realiza los movimientos aprendidos genéticamente y que dan la pista a sus compañeras de dónde encontrar el más jugoso polen objeto de su deseo. Una determinada pirueta indica si se encuentra hacia la derecha o hacia la izquierda y así se ha hecho desde siempre. Sin embargo, algo ha cambiado. Si observamos detenidamente, la obrera solo ejecuta su danza cuando la abeja reina anda cerca. Cuando esta se aleja, se transforma en cigarra. En un momento ocurre la antinatural metamorfosis. Los élitros se alargan y el polen le produce asco, y sin saber cómo, la savia se le muestra apetitosa. Entra en una natural desidia que le lleva a emitir sonidos en los días calurosos.
En el bosque, está claro que nada es lo que parece. Las cigarras han adquirido con el tiempo gran vellosidad. Esto ha hecho que la carga electrostática de su cuerpo sea cada día mayor y por increíble que parezca, ha logrado que el polen de las flores circundantes se haya adherido a su cuerpo produciéndoles sobrepeso y con ello, la necesidad de moverse más de lo habitual en ellas.

El naturalista se pregunta, ¿qué ha pasado con las reglas de la taxonomía? Tantos años de estudio para que nada sea lo que parece.

sábado, 29 de agosto de 2015

El pendolista



Había pasado mucho tiempo desde la última vez. Los trazos se deslizaban en el papel deteniéndose solo ante las irregularidades que en forma de pequeños nudos interrumpían aquel baile de tinta. Desde pequeño, solía morderse la lengua en un rictus de concentración. Su mente volaba y se imaginaba la cara de aquel que recibiría la misiva. De generación en generación se había transmitido aquel arte, hoy casi extinto. No recordaba el día en que todo aquello empezó. Su abuelo le había cogido la mano en sus primeras veces con firmeza, le mostraba el camino en aquel inmenso lago color marfil por el que tenía que trazar aquellas líneas que de manera mágica hacían surgir maravillosas figuras. Le había explicado que aquellos signos formarían diferentes y caprichosas cadenas que proporcionarían al que lograra descifrarlas el descubrimiento de mundos lejanos, ideas sublimes y hasta mensajes de amor.
El niño no lograba entender aquello, solo seguía embobado mirando la pluma y aquellos trazos indescifrables para él. Todavía aquello del amor le quedaba lejos.
Y fueron pasando los días, los meses y los años desde aquellas tardes en que fantaseaba con las líneas de tinta. Se había convertido en un hombre y  ya ni siquiera recordaba que se podía escribir con pluma. Llevaba años con la misma rutina, solía coger la bicicleta para dirigirse a su trabajo en una pequeña oficina. Allí encendía el ordenador mientras se quitaba los guantes y repasaba distraído delante de la pantalla, las líneas del periódico en busca de los gazapos del día. Aquello se había convertido en algo monótono. Las mismas erratas, las mismas tildes en “vio, dio y fue” y casi nunca encontraba errores que le supusieran un desafío. Cuando comenzó a trabajar, se sentía entusiasmado corrigiendo los errores de los demás, cada día había algo nuevo que descubrir. Sin embargo, hacía tiempo que no encontraba nuevos retos.
Miró casi de reojo el aparato cuando dejaba su abrigo en el respaldo de la silla y allí estaba. Se le mostró en letras grandes y en negrita formando parte de un titular: PENDOLISTA. No lograba entender aquella oración: “Desaparece el último pendolista”. Estaba seguro de que allí había una incorrección. ¿Qué es un pendolista? ¿Alguien que repara los péndulos de un reloj o algo así? El pequeño artículo, casi una simple reseña, continuaba con poca información. Solo una referencia a la edad del fallecido y al lugar del funeral. Continuó con dudas y decidió hurgar en Internet, tecleó la palabra y allí apareció en la primera entrada: “Persona que escribe con muy buena letra”. Dio un respingo y sintió la sensación de caer en un pozo que lo trasladaba al pasado, volvió a escuchar la voz de aquel que tantas veces le insistió en la importancia de las letras y sobre todo, de las palabras. Recordó la cajita de madera que este le había regalado y que guardaba en alguna parte. Abrió con prisas las gavetas de su escritorio, rebuscó atropelladamente en la primera, en la segunda y en la tercera…Y allí estaba. En su tapa se leía, “Péndula Copperplate”. La abrió despacio y con la sensación de estar renovando viejos votos. La vieja estilográfica que había olvidado se le mostró tal como era, antigua y elegante. La cogió con delicadeza, la miró como quién lo hace por primera vez, volvió a deslizar su punta en la página en blanco. La tinta no se había secado y sintió de nuevo la maravillosa sensación. Ese fue el instante en que aquel titular dejó de tener sentido. 

domingo, 19 de julio de 2015

“Escribir”



A mis tardes otoñales de  Rufus y chocolate.


La gota marrón y cálida rodó por su barbilla y lo hizo rodeando el pequeño lunar que le acompañaba desde su nacimiento. Sacó la lengua, la alargó hasta llegar a ese preciso lugar. Siempre que se sentía mal iniciaba el mismo ritual, se dirigía a la cocina, cogía la pequeña cacerola, fundía el chocolate en la leche lentamente y sacaba del congelador aquellos churros que le hacían retornar con su olor a la niñez. No sabía muy bien el porqué de aquello ¿Las endorfinas, quizás? A continuación, abría la ventana y escuchaba el sonido del sirtaki que todas las tardes su vecino el griego entonaba repetitivamente. Le oía aquellas palabras rotundas y extrañas que le sonaban a lamentaciones. Esto hacía que el efecto del dulce pecado se le pasara. Cerraba de golpe como siempre, y ponía aquella pose de niña mimosa cuando rompía su juguete nuevo. Volvía a las sombras de su piso y recordaba el origen de su desazón, Manuel.
Habían pasado tres meses desde que se vieron por última vez y tuvieron aquella extraña conversación. Fue cuando le dijo que se iba al extranjero y ella se sintió como en la película “Tú a California y yo a Boston”. ¡Pero si éramos almas gemelas! Desde entonces, todas las tardes mojaba su pena en el tazón que se ponía delante de los ojos. Le había sugerido que dedicara el tiempo en el que no iba a estar a retomar sus estudios. Nunca es tarde para hacerlo, le dijo mirándola con alegría. Ella deslizó una lágrima en su interior y se sumergió en jardines grises y desde entonces habitaba en ellos. Aunque en alguna ocasión había pensado en ser una princesa rebelde, pero esto le duraba poco. Y así y así llevaba aquellas doce semanas. Se negaba a actuar como una consorte.
Fue en aquella época en la que decidió viajar a través del universo. Comenzó a escribir algunas líneas en un papel y en un momento no pudo parar. Continuó y continuó. Cuando se vino a dar cuenta, había anochecido y amanecido. Se sentía mejor y decidió ir a la ciudad. Ya casi no recordaba las calles ni las tiendas ¿Cuánto tiempo había pasado? ¡Es tan fácil perder la noción del tiempo! Observó su alrededor como si fuera la primera vez, detuvo el coche en la calle principal cerca de unos almacenes en los que se podía encontrar de todo. Entró en ellos sin tener ni idea de qué era lo que buscaba. Encontró carteles de vivos colores que expresaban de las maneras más variadas qué día era, April fools. No pudo evitar sonreír, una verdadera inocentada era lo que le había ocurrido. Avanzó hacia el departamento de papelería, no sabía muy bien qué era lo que buscaba. Miró las estanterías con detenimiento, paquetes de folios de diversas texturas y colores, bolígrafos corrientes y estilográficas aristocráticas…Y allí estaba un bloc de cubiertas con dibujos selváticos. Fue amor a primera vista, no lo pensó dos veces y acarició sus tapas, instintivamente cogió también una de aquellas plumas, dos paquetes de cigarrillos y una tableta de chocolate con leche.

                                                 

martes, 23 de junio de 2015

El intocable



Últimamente se levantaba todas las mañanas de mal humor. No sabía muy bien por qué, solo sentía que cuanto más seguro de sí mismo estaba, peor lo pasaba ¿Acaso ese era el tributo que había que pagar? Siempre pensó que subir en el escalafón no tenía más que ventajas. Muchas veces había soñado con estar allí, justo donde ahora se encontraba. Desde muy niño se había prometido llegar a ser como D. Benigno, aquel hombre que lo atemorizaba tan solo con una mirada. Sí, llegaría a ocupar el lugar opuesto, aquél en el que sería él quien con solo girar la cabeza haría temblar a cualquier ser humano que se cruzase en su camino.
Sin embargo, algo le impedía saborear el triunfo, el suyo. Llevaba solo un par de años en el lugar que ahora ocupaba. Al principio, sintió con gusto la ira ¡Era fuerte! Y eso estaba bien. Pese a todo, aquello le había costado una úlcera de estómago y devoraba omeoprazol a todas horas. ¿Qué parte del plan fallaba?
Eso fue al principio, ahora hasta su rostro parecía sereno. Solo en algunas ocasiones asomaban a sus pupilas los destellos del enojo. Era una cuestión de puro dominio mental. Actualmente, había llegado más allá, estaba en una fase de desdén a todo y hacia todos. Se sentía pletórico. Había incluso, superado al modelo de su niñez. Miraba con condescendencia a los demás, incluso los ayudaba siempre que la situación fuese propicia. Llegados a este punto podía suponer que su plan había sido perfecto.

Levantó la copa y brindó con todos los presentes, los miró uno a uno desde su posición y les sonrió bonachonamente. -¡Salud!- sonrió hacia dentro y se sentó de nuevo. Las encuestas esta vez habían acertado. A partir de mañana dejaría de ser el eterno candidato. Lo había conseguido.

martes, 9 de junio de 2015

Porque no quiero perder todos los días…



Tengo los ojos vendados
 y no soy justiciera.
Miro mi entorno
y mi sonrisa se quiebra.
Y recaigo,
y me levanto…
Y otro día el mismo ritual.
Y me rompo y me recompongo.
Armo de nuevo el puzzle,
y me echo las cartas
y juego a que gano.
Tiro el vestido gris sobre la cama,
cojo las sandalias,
piso los girasoles

y vuelo…